SOBREVIVÍ UNA SEMANA SIN REDES SOCIALES Y ESTOY AQUÍ PARA CONTARLO
Tengo que confesarlo, soy un fanático impulsivo de
las rede sociales, quienes se han dedicado a estudiar el consumo de usuarios en
redes sociales recomiendan que el teléfono móvil se debe revisar por lo menos y
siendo exagerados cada 15 minutos si las notificaciones son excesivas, sin
embargo yo las reviso a cada instante rompiendo con el estándar recomendado por
los expertos, en este sentido me excuso diciendo que a través de mi móvil
realizo por lo menos un 40% de las labores que me corresponden como jefe de los
medios digitales de la Policía.
Quise hacer este ejercicio para demostrarme a mi
mismo y claro a usted, que las redes sociales aunque importantes no son
necesarias en definitiva para vivir, entendí que hay cosas a mi alrededor que
son interesantes mientras me tomo un #Tintico o que puedo mirar a mi compañía a
la cara mientras comemos y hablamos, incluso que los chismes de mi pueblo me
los puede contar mi mamá sin decirle “ma ya lo vi en Facebook”.
Fue curioso, los primeros días muchos “amigos” que
tienen mi WhatsApp (esta red de mensajería instantánea no la eliminé) me escribieron
molestos, otros desconcertados reclamándome la razón por la cual los había
eliminado de mis redes sociales, una amiga de mi pueblo me timbró al celular un
poco nerviosa “Yimmi te pasó algo, no te veo en redes” ahí empecé a entender la
cosas de mi vida virtual y mis amigos en de la “nube”.
Al pasar los días la ansiedad fue siendo menor, sin
embargo extrañaba estar viendo fotografías en “insta” o stalkeando a mis
“amigos” en “face” también extrañé mucho en la mañana levantarme a enterarme
del acontecer mundial a través de Twitter y claro sin saber cual era la
tendencia del momento para saber en que andaba el mundo en las últimas 24
horas.
El ejercicio que pretendí en un principio fue
aparentemente sencillo, quise saber como suplir las necesidades en temas
comunicacionales que encontraba en las redes sociales, pero cuando lo hice
descubrí que más que utilizarlas como fuente de información se habían
constituido no sé a qué hora, ni cómo en parte de mi vida social, al punto que
al no estar en ellas me hizo pensar que me había quedado sin amigos, virtuales
o no sin amigos.
“Mami eliminé por una semana las redes sociales”,
“bendito sea el señor” contestó por teléfono doña Flor, es que no puedo evitar
estar al móvil mientras comparto en familia, o en el comedor o mientras
conversamos un poco sobre cualquier cosa, el que quiera que sea, lo importante
es que la familia es lo importante y fue allí cuando me pregunté, ¿si pude una
semana por qué no puedo 15 minutos mientras hablo con ellos, las personas más importantes
en mi vida?
Sin duda las redes sociales son importantes para mi
vida, sobre todo en mi trabajo y claro para tener contacto con algunas personas
con quien solo comparto por redes sociales, con las otras, me refiero a las
personas con quien me veo personalmente Facebook pasa a un segundo plano, pues
tengo la grata posibilidad de verlos y es que por estos tiempos de la
comunicación excesivamente virtual es una fortuna tocar al otro, sentir su
aliento, el olor de su perfume y exagero un poco diciendo que incluso el
salpicar de su saliva mientras habla, eso si que es una verdadera fortuna por
estos tiempos.
No extiendo más esta reflexión, posiblemente pueda
escribir diez cuartillas más de anécdotas pero no sería bueno ni para usted ni
para mi, lo bueno es encontrarnos y hablar de esto, para poder tener la grata
fortuna de verlo (la) y no perder esa tradición de reunirse con los amigos o
incluso con los desconocidos para platicar de cosas bajo la celosa mirada de
las cámaras de seguridad conectadas por WiFi de un “viejo” café.
Pese a todo esto estoy feliz porque sobreviví a una
semana sin redes sociales y lo acabé de contar.
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